Antropologia Collins
Antropologia Collins Nuestra alma no piensa jamás en solitario, sino que lo hace en el laboratorio del cuerpo, y existe siempre una armonía entre ambos. Según piense el alma, así mueve al cuerpo consigo. Pero el movimiento corporal continúa adelante, y por eso cuando rebota con algo nos choca tanto. A Enrique IV debían darle la bienvenida unos magistrados, que por este motivo salieron a su encuentro a una distancia de una milla. Para llevar sus pertrechos los magistrados habían tomado unas mulas. El caso es que cuando uno de ellos le presentaba sus respetos al monarca un asno relinchó: «¡Señores magistrados!» —espetó el rey—, «no hablen todos ustedes a la vez».
En realidad los disparates no nos proporcionan ningún placer, si no fuese porque nos los cuentan muy serios; en caso contrario, el disparate seguiría ahí, pero nadie se reiría. Es preciso que el ánimo se introduzca de buena fe por un camino errado. Y por eso si queremos hacer reír a uno no tiene que darse cuenta. Lo mejor es cuando no puede coger el desatino hasta la última línea.