Antropologia Collins
Antropologia Collins Tomás Moro fue muy afortunado por tener una disposición de ánimo jovial: cada vez que algo quería serle hostil miraba si no podría tomarlo a chanza, pero no porque tuviese un ingenio banal. Muchos hombres tienen por naturaleza tal disposición que pueden quitarle importancia a las cosas. La alegría, por su parte, es un grado de placer positivo; decimos que es rapaz porque nos arrebata otros placeres: al entregarnos a uno derrochamos las mayores fuerzas anímicas, y de ahi que a veces veamos tristes sin ningún motivo a personas alegres. Por lo demás distinguimos en todo momento el placer y el dolor de la dicha y la tristeza por el placer o el dolor. En cuanto a la tristeza, es el juicio sobre la calamidad de nuestro estado, y procede de una apreciación falsa. Nos parece insoportable, y por eso nos apartamos de buen grado de uno que está triste; incluso si a veces nos paramos con él, lo hacemos tan solo para no escucharle decir que somos fríos en la amistad. Por el contrario, nos gusta estar en compañía de quien, pese a sentir dolor, lo sufre con buen ánimo y con estoicismo. Tampoco soportamos a un hombre exageradamente alegre, pero por otros motivos: en parte porque nos resulta despreciable, en parte también porque suponemos que cualquier dolor que pueda sobrevenirle inesperadamente le volverá tan desconsolado como desenfrenado era en los placeres, y en parte porque ante su excesivo alborozo empezamos a volvernos envidiosos. Tanto el dolor como la dicha han de ser comunicativos, cosa que ocurre cuando no sobrepasan la medida regular y radican en la sensación. Uno puede alcanzar ese estado si se ejercita desde la juventud en desviar enseguida los pensamientos de los objetos agradables y desagradables, pues la actitud contraria aja el carácter en el acto.