Antropologia Collins
Antropologia Collins Si algo me gusta en el fenómeno o en la intuición sensible, diremos que la causa de la complacencia es en parte objetiva, pero solo según reglas de la sensibilidad. Si alguien dice: «duele mucho», no está describiendo el objeto, sino la alteración que este le produce. Pero si dice: «el cuadro es bello», entonces habla de los colores, de la condición de ser de la cosa. Cierto es que las cosas se nos aparecen de modos diversos, pero también que existen leyes válidas para todos. Todos los enjuiciamientos del objeto en cuanto a la complacencia y el disgusto según la sensibilidad son asimismo objetivos y responden a leyes universalmente válidas, de manera que el juicio no es válido únicamente para mí solo, sino también para otros, y se entiende que en ello consiste el auténtico gusto. El estímulo y la emoción pertenecen, en cambio, al sentimiento, y en esa medida son subjetivos. Así, si un poema es muy estimulante, el juicio de uno en particular sobre su atractivo no es por necesidad universalmente válido, ni por necesidad coincide con otros en la sensación, como sí ocurre, por ejemplo, con el azúcar. Es algo que siempre depende de la constitución del sujeto, pues según estén dispuestos los nervios puede que algo emocione más a uno que a otro. Vemos así que unos nervios embotados no pueden emocionarse con mucha facilidad por algo, y lo que a otros les resulta estimulante, a ellos en cambio les repugna. No obstante, existen ciertas leyes universales que conozco a priori por la razón antes de cualquier experiencia. Nótese que las cosas dulces agradan de un modo casi universal, aunque por razones desconocidas.