Antropologia Collins
Antropologia Collins La primera entre todas las facultades del alma es la sensibilidad, y con ella el alma es tan solo pasiva. Cuando los objetos se hallan presentes no podemos oponernos a la impresión que causan en nosotros, pero podemos desviar la atención, o bien rehuir los objetos. También los animales sienten, pero con el hábito y el ejercicio es posible impulsar extraordinariamente la facultad de suspender la atención de todas las cosas; y el heroísmo de los americanos en estas lides no deja de admirar. ¡Ay!, ¡cuán nocivos son los poetas que tan enclenque hacen el alma! Pues solo la costumbre nos convence de que estamos sometidos a los sentidos hasta esos extremos. Pero ¿no tiene poder el alma también sobre el estado interior? Mucho más y con mayor facilidad que sobre el exterior. Y la condición más indigente es la de quien se abandona al juego de sus propias fantasías, la de quien no tiene ningún poder sobre las representaciones que le asaltan con inquietudes y está prendado de sus imaginaciones.
Cuanto más se acostumbra uno a reflexionar, tanto más disminuye su apego por determinadas cosas. Gracias a la reflexión se apacigua toda la furia y el ardor de las inclinaciones. Progresivamente se desprende uno de todas las cosas. Sin embargo, y a pesar de ello, el hombre tiene que hacer algo, pues tiene que estar siempre activo.