Correspondencia

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Así, consideró este capítulo no como una historia de la creación del mundo, sino como un boceto de la primera enseñanza del género humano, y a su través, como una especie de método tabulatorio del que se ha servido Dios para configurar los conceptos del género humano por medio de esa división de todos los objetos de la naturaleza. Para comprender la totalidad podía servir que el recuerdo de cada una de esas clases de conceptos se ligase a un día en particular, entre los cuales el séptimo constituye el cierre o corte. Con tal ocasión, Dios enlazó esa figura, ese diseño de significado universal representado más arriba —figura no egipcia, sino invención directamente divina—, con el lenguaje. De modo que tanto escritura como lenguaje se habrían unido en esta primera lección divina, arranque originario de todo el conocimiento humano posterior. Por tanto, según su juicio [el de Herder, en la obra que se está comentando], el «testimonio más antiguo…» ya que constituye simplemente la representación más exacta del método divino de enseñanza, no es el primer capítulo de los libros de Moisés mismo, sino que contiene la tradición del modo como todos los pueblos de la tierra han recibido su primera lección; [enseñanza] que muchos pueblos han conservado, cada uno según la serie de sus generaciones. Sólo que si bien Moisés nos ha transmitido mejor el sentido, sólo a los egipcios debemos la conservación de la figura, la cual, como principio de toda escritura, nos ha llegado directamente de las manos de Dios. La utilidad de las divisiones semanales se orienta aquí principalmente a la instauración del sábado; propiamente porque podía servir para conservar y recordar todos los elementos del conocimiento transmitidos, y junto con ello también, para constituir una medida del tiempo y a la vez también como ejercitación primaria, la más sencilla, con los conceptos numéricos. La figura sirvió [así, también], para abrir el campo del arte de la medida, etc. Esta figura, el místico número siete, los días de la semana, a modo de monumento universal de la primera lección que Dios mismo dio a los hombres, ha sido envuelto y encubierto en toda clase de símbolos por los diversos pueblos, en cada uno según su gusto. Moisés revistió el monumento con la alegoría de la historia de la creación. Los griegos con las grafías y sonidos vocales.


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