Correspondencia
Correspondencia 
Los líricos, con los siete tonos, las teogonias de los fenicios y de los egipcios, incluso la misma figura de las pirámides y obeliscos, eran simplemente una reproducción algo transformada de aquel monograma sagrado:
; del diseño de la escritura hecho por Dios, del abecedario de la humanidad.
Al acrecentarse las ciencias, por ejemplo la astronomía, se dispusieron entre otras cosas los siete planetas según el antiquísimo modelo. Todos los autores que creyeron que aquél importante símbolo estaba tomado de estos siete planetas, de los siete tonos dentro de una octava, cometieron un grueso error. Más bien al contrario, la habilidad de contar hasta siete y más, así como todo el conocimiento y la ciencia restante parten de ahí.
Si usted, apreciado amigo, encuentra que debe corregirse mi concepto de la intención primordial del autor, le ruego me dé su opinión en unas pocas líneas, pero a ser posible en la lengua de los hombres. Pues yo, pobre hijo de la tierra, no estoy hecho en absoluto para el divino lenguaje de la razón intuitiva. Y sólo llego correctamente a lo que se me pueda deletrear a partir de los conceptos comunes, y según reglas lógicas. Además, tampoco pretendo otra cosa que comprender el tema del autor, pues conocerlo con evidencia en toda su altura no es cosa a la que aspire.