Correspondencia
Correspondencia +Usted puede, honorable Sr., creerme firmemente, e informarse en cuanto lo desee en la feria de Leipzig, a través de mi editor Hartknoch, de que yo nunca he creÃdo sus afirmaciones, en el sentido de que usted hubiese tenido parte en la recensión. Ahora me es sumamente agradable obtener la confirmación de mi suposición a través de su amable carta. No soy tan blando ni tan egoÃsta como para que las objeciones y la crÃtica me afecten —supuesto que [toda crÃtica] deberá destacar también aquello que yo considero como el mérito sobresaliente de mi escrito—, a no ser que [crÃtica y objeciones] se distingan por la ocultación preconcebida de lo digno de aprobación, encontrable aquà y allá; o por la intención premeditada de hacer daño. Espero con satisfacción que salga su recensión no mutilada en la Biblioteca Universal Alemana. El hecho de que usted mismo me la procure, me hace verle a la luz favorable de la honradez y probidad de intenciones, caracterÃstica de los verdaderos sabios; cosa que en todo momento ha de llenarme de respeto, sea cual sea su juicio. Reconozco también que no contaba con tener desde el principio una rápida recepción positiva de mi escrito, pues la exposición de las materias que habÃa meditado cuidadosamente durante doce años seguidos, no fue suficientemente elaborada de cara a la capacidad de compresión común, para lo cual hubieran sido necesarios todavÃa algunos años más; por otra parte, lo terminé en cuatro o cinco meses por miedo a que un trabajo tan amplio, si se demoraba aún más, se acabara convirtiendo en un lastre para mÃ; y que mi avanzada edad (puesto que ya he cumplido los sesenta) al final me lo hiciera quizás imposible. Ahora tengo todavÃa la totalidad del sistema en la mente, de modo que estoy satisfecho con esta decisión mÃa, con la obra tal como está ahÃ, de manera que no querrÃa, por nada del mundo, verme sin ella escrita, pero tampoco querrÃa bajo ningún precio tener que emprender otra vez la larga serie de esfuerzos que ha comportado. Acabará perdiéndose ese primer desconcierto que produce tener que promover una cantidad de conceptos completamente inusuales y un lenguaje nuevo todavÃa más inusual pero que necesariamente pertenece a la cosa misma. Con el tiempo se esclarecerán algunos puntos (a ello quizá pueden contribuir un tanto mis Prolegómenos). Desde esos puntos se iluminarán otros pasajes, para lo cual será necesario, sin duda, alguna contribución aclaratoria mÃa de vez en cuando. Y de este modo se abarcará y se comprenderá la totalidad, siempre que se ponga ante todo manos a la obra, partiendo de la cuestión principal, (que he presentado con suficiente claridad), y de la que depende todo lo demás; queriendo paso a paso examinar cada asunto aisladamente y elaborarlo unificando los esfuerzos. En una palabra, la máquina está completa y ahora sólo es necesario retocar las articulaciones o ponerle aceite para evitar la fricción, que, de otro modo, causarÃa su paralización. Es propio también de este tipo de ciencia que sea necesaria la presentación del conjunto antes de mejorar cada parte; para lograrlo, cabe dejarla durante un tiempo en una cierta rusticidad. Si hubiera querido realizar ambas cosas a un tiempo, no hubieran sido suficientes, o mis capacidades, o el tiempo de mi vida.