Correspondencia

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Menciona usted la falta de popularidad como una justa objeción que se le puede hacer a mi escrito; en efecto, todo escrito filosófico debe ser susceptible de ella; y si no es así probablemente ocultará sinsentido bajo la humareda de aparente agudeza. Pero en investigaciones que llegan tan alto no se puede empezar por la popularidad. Cuando haya podido conseguir aunque sólo sea que se recorra conmigo un trecho con conceptos escolásticos, en medio de expresiones bárbaras, entonces ya podré intentar yo mismo (otros empero serán en esto más afortunados) trazar un concepto popular y sin embargo riguroso del conjunto; para lo que ya tengo el plan. Por el momento queremos llamarnos Dunse, doctores en la sombra[1] (doctores umbratici), mientras llevamos adelante su comprensión, en cuya elaboración no participará desde luego la parte más exquisita del público, hasta que, sacada [la obra] de su oscuro taller y provista de todo lustre, no tenga que temer el juicio de estos últimos. Tenga la bondad de echar tan sólo una vez más un vistazo por encima al conjunto, y notar que lo que he trabajado en la Crítica no es en absoluto metafísica sino una ciencia totalmente nueva que hasta ahora no se había ensayado, a saber, la crítica de una razón que juzga a priori. Es verdad que otros han abordado esta facultad, como Locke o también Leibnitz, pero siempre en mezcolanza con otras facultades cognoscitivas, pero a nadie se le había siquiera ocurrido que eso fuera objeto de una ciencia formal y necesaria, e incluso muy extensa, lo cual (sin desviarse de esta limitación al mero escrutinio de la facultad del conocimiento puro únicamente) exigía la correspondiente diversidad de apartados y, al mismo tiempo —lo cual es prodigioso—, poder derivar, a partir de su propia naturaleza, todos los objetos a los que se extiende, y poder demostrar su plenitud integral por medio de su interconexión en el todo de una facultad del conocimiento; todo ello no lo puede hacer en modo alguno ninguna otra ciencia, es decir: partir del mero concepto de una facultad del conocimiento (si está exactamente determinado), desarrollar a priori todos sus objetos y todo lo que puede saberse acerca de los mismos; y todavía más: [desarrollar] todo lo que se estará obligado a juzgar de ellos de modo involuntario aunque engañoso. La Lógica, que sería la que más se parecería a esta ciencia, se encuentra en este punto infinitamente por debajo de ella. Pues sólo trata del uso del entendimiento, en general, pero no puede indicar a qué objetos se refiere el conocimiento intelectual, ni cuál es su alcance, sino que debe por ello esperar lo que le venga entregado en los objetos de su uso, bien a través de la experiencia, o si no, desde cualquier otro sitio —como p. e. desde la matemática—.


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