Correspondencia
Correspondencia Jena, 12 de octubre de 1787
Honorabilísimo:
Por fin mi deseo ardiente de acercarme a usted a través de una visita escrita ha vencido sobre las tímidas dubitaciones contra las cuales lucho en vano desde hace más de un año; y aún ahora no estoy sin preocupación, por si la buena intención que dio origen a aquella lucha tiene fundamento suficiente como para justificar también delante de mí mismo un paso que le va a costar al menos un cuarto de hora de su inapreciable tiempo.
Si sólo me propusiera henchir de aire mi corazón, mi agradecimiento, amor, veneración y admiración, todavía callarían, como el joven de Klopstock [Oda Mi patria]: Ese…
… a quien aún le marchitan muy pocas primaveras, que al anciano de cabellos de plata, fortificado en obras, cuánto le ama, con ardiente palabra le quiere susurrar.
Fogosamente sube a medianoche;
encendida su alma;
las alas de la aurora, suspirantes; raudo va
hasta el anciano… pero ¡no se lo dice!
Y todavía no lo digo; pues ¿qué podrían decirle sobre eso palabras escritas además sobre papel?