Correspondencia

Correspondencia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Si es lo primero, usted sólo se reprende por la franqueza del descubrimiento de la misma, y por tanto lamenta haber cumplido con su deber (pues eso es sin duda [cumplir con el deber]: si uno ha situado a alguien premeditadamente en un error, aunque ese error no le dañe, y lo ha mantenido en él por un tiempo, [debe] sacarlo de nuevo de ahí). ¿Por qué lamenta esta confesión? Porque de ahí ha surgido el perjuicio ciertamente importante de perder la confianza de su amigo. Este lamento no contiene nada de moral en su causa, porque la causa del mismo no es la conciencia del hecho sino de sus consecuencias. Pero si la reprensión que le turba se funda realmente en el puro juicio moral sobre su comportamiento, mal médico moral sería el que le aconsejara —porque lo sucedido ya no puede convertirse en no sucedido— borrar la reprensión de su mente y dedicarse con toda el alma a partir de ahora a una sinceridad puntual, pues la conciencia tiene que guardar todas las transgresiones, como un juez que no tira las actas de un delito ya juzgado, sino que las archiva para afinar el juicio según justicia, si se produce una nueva acusación por delitos parecidos o distintos. Pero dar vueltas a ese lamento una vez que se ha asumido otra forma de pensar, anularse con reproches continuados por hechos pasados que ya no se repetirán en la vida, equivaldría a la extravagancia de conceder méritos a la autopunición, cosa que no debería contar de cara a la atribución moral, tal como desgraciadamente sucede tratándose del recurso, supuestamente religioso, de solicitar el favor de los altos poderes sin necesidad de ser un hombre mejor. Si ha acontecido abiertamente un tal cambio en la manera de pensar de su amigo querido —dado que la sinceridad habla una lengua inequívoca— sólo hace falta tiempo para borrar poco a poco las huella de aquella indignación justificada y fundada en principios de la virtud, de modo que la frialdad se tome en un afecto todavía más fundado. Si no resulta esto último, [será que] el calor anterior del afecto era más físico que moral y por su propia naturaleza pasajera, con el tiempo se hubiera perdido de todas maneras; una desgracia, como tantas que nos ocurren en la vida, a las que hay que enfrentarse con serenidad, porque de todas maneras el valor de la última [de la vida], en la medida en que consiste en que podamos gozar del bien, está colocado demasiado alto por los hombres; pero en la medida en que se valora porque nosotros podemos hacer el bien, merece el más alto respeto y cuidado, y ser utilizado con alegría para buenos fines. Aquí encuentra, mi querida amiga, como es habitual en los sermones, lección, castigo y consuelo; de las tres cosas, le aconsejo fijarse más en las primeras que en la última, porque cuando aquellas hayan tenido su efecto, la última y el contento perdido de la vida se encontrarán por sí mismos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker