Correspondencia
Correspondencia No considere, dignísimo varón, mi retraso en la respuesta que le debo ya desde el 9 de noviembre de 1791 a lo que era ya un escrito y valioso regalo suyo —«Ideas de una crítica…» etc.— como falta de atención y de gratitud. Mi idea era enviarle a usted esta [respuesta] acompañada de otro regalo semejante al suyo en cierta medida, pero otros trabajos entretanto lo han detenido. El plan construido desde hace ya largo tiempo, que implica para mí una obligada exploración del campo de la Filosofía pura, se orientó a la resolución de las tres tareas: 1) ¿Qué puedo saber? (Metafísica) 2) ¿Qué debo hacer? (Moral) 3) ¿Qué me está permitido esperar? (Religión), a la que Finalmente debía seguir la cuarta: ¿Qué es el hombre? (Antropología; sobre la que desde hace ya más de 20 años he celebrado anualmente un collegium [un grupo]). Con el escrito que adjunto, Religión dentro de los límites de la mera razón, he intentado completar el tercer capítulo de mi plan; en este trabajo me ha guiado: escrupulosidad y verdadero respeto hacia la religión cristiana, pero también el principio de una debida libertad de espíritu, para no ocultar nada, sino poner en claro cómo creo ver la unión de ésta última [la religión] con la razón pura práctica.