Correspondencia
Correspondencia Con la ayuda de algunos amigos quiero, con el comienzo del año, iniciar un periódico; muchos escritores de aquí quieren mandarme contribuciones. Cualquiera que no escriba por mera ganancia, sueña más o menos orgullosamente con un proyecto así. Yo soñé muy orgullosamente, porque no consideré imposible, ganarle para mí. Algo de sus papeles, que usted quizás llamaría una pequeñez, la plasmación de algunas observaciones a las que su espíritu pone luz y su nombre brillo, me harían muy feliz. Usted podría de este modo apoyar mi proyecto. No me atrevo a pedírselo presionándole, porque temo cruzar la delicada línea que aquí separa lo inhabitual de lo inmodesto.
Si considera que vale la pena conocer un poco más de cerca a la mujer que ha tenido el valor de dirigirse directamente a usted, lea el libro que le adjunto. Ésa es la única razón que pudo moverme a mostrar al gran Kant una obra del espíritu, cuya imperfección yo misma percibo muy vivamente [La edad florida del sentimiento, Gotha, 1794].