Correspondencia
Correspondencia Mi estado de salud, como otros le habrán contado, no es por tanto el de un estudioso sino el de alguien que vegeta (comer, caminar y poder dormir); de modo que mi —asà llamada— salud no basta, a mis 75 años, para dar cara a esa bondadosa petición suya de comparar mis actuales opiniones en filosofÃa con las suyas de aquel tiempo en que ambos controvertÃamos amistosamente; a no ser que [esa salud] —hace año y medio que mi desorganización actual comenzó con un catarro— mejore algo con ello, de lo cual no he perdido toda esperanza.
Confieso que cuando esto ocurra, una de mis ocupaciones más agradables será intentar ese acuerdo; y no hablo de acuerdo de nuestros pensamientos —pues los tengo por coincidentes—, sino del modo de su presentación, algo en lo que quizá nos hemos podido malentender uno al otro. Con este fin acabo de comenzar a hacer una lenta lectura de su libro.