Correspondencia

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La otra observación que tuve motivo para hacer concierne a la comparación del conocimiento filosófico y el matemático, a saber: vi que allí donde los matemáticos lograron abrir un campo nuevo que los filósofos hasta el momento creían haber cultivado por completo, los primeros no solamente tuvieron que darle la vuelta a todo de nuevo, sino que convirtieron todo en algo tan simple y sencillo, que lo filosófico acerca de ello se volvió completamente inservible y poco menos que despreciable. Simplemente la condición de que sólo es posible sumar homogéneos excluye para los matemáticos todas las proposiciones filosóficas cuyo predicado no se extienda del mismo modo [unívocamente] sobre la totalidad del sujeto, siendo así que proposiciones de esta índole las hay a montones en filosofía, donde un reloj se llama áureo cuando apenas la caja es de oro. Euclides no deriva sus Elementos de la definición del espacio ni de la de la geometría, sino que arranca de líneas, ángulos, etc., como lo simple en las dimensiones del espacio. En la mecánica [a su vez] bien poco puede hacerse a partir de la definición del movimiento, sino que se considera de inmediato lo que ahí aparece, a saber: un cuerpo, la dirección, la velocidad, tiempo, fuerza, espacio; estos elementos se comparan entre sí para hallar principios. Yo he llegado a la idea general de que mientras el filósofo, en aquellos objetos que admiten medición, no lleve el análisis tan lejos como el matemático cuando encuentra ahí de inmediato unidades, medidas y dimensiones, estaremos ante la señal segura de que está dejando tras de sí algo confuso, o de que en sus proposiciones los predicados no se extienden unívocamente sobre los sujetos.


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