Correspondencia
Correspondencia La extrañeza que manifiesta en relación con el tono de mi breve escrito, es para mà una prueba de la buena opinión que usted se ha formado de la rectitud de mi carácter; incluso la indignación por haberlo visto aquà sólo ambiguamente testimoniado me resulta valiosa y aun grata. De hecho, no tendrá usted nunca motivos para cambiar esta opinión acerca de mÃ, puesto que sean cuales sean los fallos habidos y por haber, que la más firme decisión no pueda evitar completamente y de una vez por todas, desde luego una disposición de ánimo mudable o prendida en las apariencias es, con seguridad, aquello en lo que no incurriré jamás, tras haber aprendido a lo largo de la mayor parte de mi vida a despreciar y prescindir de lo que normalmente corrompe el carácter; y por tanto, del extravÃo de la autoaprobación que surge de la conciencia de un talante intachable: el peor mal que podrÃa acontecerme, pero que con toda certeza nunca me ocurrirá. En verdad pienso muchas cosas y para mi gran contento, que no tendré nunca el valor de decir; pero nunca diré algo que no pienso.