Correspondencia
Correspondencia No sé si al leer este escrito, compuesto con bastante desorden, habrá usted advertido algunas señales de la indignación con que lo escribí; pues ya que había dado mucho que hablar con mi petulante información sobre las visiones de Schwedenborg, obtenida tanto de personas que tuvieron la oportunidad de conocerlo personalmente, como a través de alguna correspondencia, como habiéndome hecho traer sus obras, vi a las claras que no me libraría de la continua demanda de información hasta que no me hubiese desprendido del saber que se supone que yo tenía de todas esas anécdotas.
De hecho me resultaba difícil inventar el método conforme al que habría de expresar mis pensamientos sin exponerme al ridículo. Me pareció lo más aconsejable adelantarme a los demás, burlándome en primer lugar yo de mí mismo; con lo cual he procedido de manera totalmente sincera en la medida en que, realmente, mi estado de ánimo al contarlo es paradójico: pues en lo tocante al relato no puedo romper un cierto apego a historias de este tipo, pero en lo que toca a los fundamentos racionales, tampoco puedo alimentar suposición alguna de su sinceridad, para no hablar de los disparates que privan de su valor al primero [el relato] y de los fantasmas y conceptos incomprensibles que [privan de su valor] a la segunda [la sinceridad].