Correspondencia
Correspondencia Me resulta un placer nada pequeño percibir que mi pequeño y somero ensayó haya tenido la fortuna de suscitarle consideraciones rigurosas sobre este punto; de ahà que lo considere sobradamente útil si puede dar ocasión a investigaciones más profundas de otros. Estoy convencido de que usted no errará el punto al que se refieren todas estas consideraciones; y que yo mismo hubiera señalado de una manera más reconocible si no hubiese mandado imprimir el tratado por pliegos sucesivos; por lo cual no siempre podÃa prever lo que habÃa que adelantar de cara a la mejor comprensión de lo siguiente; ni dónde, en lo posterior, deberÃan eliminarse ciertas aclaraciones, que hubieran venido a ocupar un lugar inadecuado. En mi opinión, se trata en todo caso de recabar los data para el siguiente problema: ¿cómo en el mundo está presente el alma tanto a las naturalezas materiales como a las otras naturalezas de su misma especie? Habrá que encontrar, por tanto, en tal sustancia la facultad de actuar exteriormente y la receptividad [o facultad] de ser afectada exteriormente, de lo cual es caso concreto la unión del alma con el cuerpo humano. Dado que en este asunto no disponemos de experiencia alguna que nos permita conocer un sujeto tal en sus diversas relaciones (las cuales pura y simplemente alcanzan a revelarnos su fuerza o capacidad exterior); [dado que] la armonÃa con el cuerpo descubre solamente la relación recÃproca del estado interno del alma (del pensar y del querer) con respecto al estado externo de la materia de nuestro cuerpo, y por ende tampoco nos sirve para la resolución de la cuestión, uno se pregunta si es posible de suyo determinar estas fuerzas, [o poderes, o facultades] de las sustancias espirituales mediante juicios racionales a priori. Esta investigación se reduce a otra, a saber, si mediante el raciocinio se podrÃa encontrar una facultad primitiva, es decir, la primera relación fundamental de causa con efecto; y, dado que tengo la certeza de que esto es imposible, se sigue que, si estas fuerzas no me son dadas en la experiencia, solamente pueden ser inventadas. Pero esta invención (fictio heuristica, hypothesis) nunca permite ni una sola prueba de su posibilidad; su pensabilidad (cuya apariencia proviene de que tampoco es posible establecer su imposibilidad), es una mera invención, que yo mismo me he atrevido a defender cuando alguien atacaba la posibilidad de las ensoñaciones del mismo Schwedenborg; asÃ, mi intento de [establecer] analogÃa entre una efectiva influencia moral de las naturalezas espirituales y la gravitación universal, no es realmente una opinión seria mÃa, sino un ejemplo de cuán lejos y desbocadamente se puede huir hacia adelante en las ficciones filosóficas allà donde faltan los datos; y de cuán necesario serÃa de cara a semejante tarea determinar lo que se precisa para la solución del problema; y si no, se tratará de que faltan los datos necesarios para ello. Por tanto, si dejamos a un lado las demostraciones habituales que parten de la veracidad o de los fines divinos, y nos preguntamos si es posible desde nuestras experiencias un conocimiento de la naturaleza del alma, que sea suficiente para reconocer, a partir del mismo, el modo de su presencia en el mundo, tanto en relación con la materia como con los seres de su especie, entonces se evidenciará si nacimiento (en sentido meta fÃsico), vida y muerte son algo que en algún momento podamos comprender a la luz de la razón. En esto estriba el determinar si no hay aquà realmente lÃmites [Grenzen], que están establecidos, no por las limitaciones [Schranken] de nuestra razón, sino más bien por las de la experiencia, lugar que contiene los datos para ella. En fin, interrumpo aquà y me encomiendo a su amistad; le ruego también exprese al honorable Sr. Prof. Sulzer mi particular estima y mi deseo de ser honrado con alguna bondadosa carta suya; con el máximo respeto, señor mÃo, soy de usted su muy seguro servidor,