Correspondencia
Correspondencia I. KANT
Noviembre de 1768
IlustrÃsimo Sr. Magister, muy estimado maestro y amigo:
Usted tiene —lo sé y lo espero— un concepto demasiado benévolo de mi forma de pensar como para haber achacado mi silencio hasta este momento a la desidia o a alguna razón más enojosa. Ya solamente mis asuntos, especialmente dificultosos debido a su singularidad; muchas cosas que me dispersan, y luego en particular esa desazón del alma que Locke considera la madre del exceso de ocupaciones, han sido en mi caso, durante largo tiempo, las fuentes de una pasividad esterilizante, de la que apenas estoy comenzando a despertar.
No podrÃa decirle lo mucho que me ha alegrado su carta. El recuerdo de mi maestro, el tono tan afable que en ella prevalece, el contenido mismo, todo, me la convirtió en un regalo tal, como no ocurre con ninguna de las cartas que me llegan con frecuencia desde Alemania —de las gentes más dignas de all×, ni de Suiza. La aprecio tanto más cuanto conozco su escasa inclinación a escribir cartas, de la que yo también he heredado algo; pero ¡qué es esto de querer describir demostrativamente un placer!