Correspondencia
Correspondencia Es usted muy bondadoso considerándome como autor en un tono en el que yo mismo no me atrevo a pensar. Yo me refiero a ello poco, más bien como una ligereza de juventud que a la postre no ha redundado en vergüenza o desdoro para mÃ; algo, sin embargo, que de alguna manera desearÃa borrar. No porque haya escrito muchas cosas irresponsables, sino ante todo porque mi nombre se ha hecho tan conocido y tan manoseado por muchos, que hasta su buen casero y buen amigo mÃo, el Sr. Kanter, inadvertidamente y tras una serie de incidentes, me ha gastado la broma más pesada, al haberse convertido en el responsable primero de esa notoriedad. Mi firme propósito —y escribo esto con toda la sangre frÃa— era escribir en el anonimato, hasta que pudiese sorprender al mundo con un libro que no fuese indigno de mi nombre. Por este motivo y no por ninguna otra razón escribà tras el manto florido de un estilo enmarañado que no es propio de mÃ, y lancé al mundo fragmentos que solamente quieren ser provisionalidades, pues de no ser asà serÃan imperdonables.