Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Gracias a este proceder similar al del químico la ética dispondría de su propio laboratorio para realizar sus propios experimentos. Al descomponer las posibles motivaciones en juego para decantar una decisión determinada, «sucede como cuando el químico añade álcali a una solución calcárea en espíritu de sal, éste abandona pronto a la cal, se fusiona con el álcali y la cal se precipita hacia el fondo» (A 165); de igual modo, merced a una metodología parecida, la razón pura práctica se despojaría del beneficio particular para fusionarse con aquello que le infunde respeto hacia su propia persona: la ley moral. La teoría moral kantiana se sustenta en una cosmovisión metafísica, pues no cabe calificar de otro modo a la distinción transcendental entre manifestaciones fenoménicas y cosas en sí[27], mas esta nueva metafísica que quiere instaurar la filosofía kantiana con su sistema crítico pretende utilizar un método parangonable con el de cualquier otra ciencia, de suerte que —según Kant— «la crítica es a la metafísica habitual de las escuelas como la química es a la alquimia, o como la astronomía es a la astrología adivinatoria[28]». Tal es el transfondo de la famosa frase con que se cierra esta segunda Crítica: «el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí».