Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Fascinado por los extraordinarios avances que las matemáticas han procurado a la física, a Kant le hubiera encantado saber aplicarlas al ámbito moral, tal como Newton (su paradigma de cientifismo[29]) lo hizo con las ciencias de la naturaleza. Quizá influenciado también por el modo en que Spinoza quiso demostrar su Ética según el orden geométrico, Kant imprime al primer capítulo del texto que nos ocupa un aire de tratado matemático donde hay teoremas, demostraciones, corolarios, problemas y escolios. Y lejos de sentirse agraviado con uno de sus críticos que, al reseñar la Fundamentación, se preguntaba: «¿acaso debe reducirse toda la reforma moral de Kant a una nueva fórmula?», nuestro autor le responde pletórico de orgullo que justamente ha dado en el clavo con esa observación, pues
¿quién querría introducir un nuevo principio de toda moralidad e inventar ésta por vez primera?, como si el mundo hubiese permanecido hasta él ignorante de lo que sea el deber o hubiera estado sumido en un continuo error a este respecto; sin embargo, quien sabe lo que significa para el matemático una fórmula, la cual determina con entera exactitud y sin equivocarse todo cuanto se ha de hacer para resolver un problema, no tendrá por algo insignificante y superfluo una fórmula que haga eso mismo con vistas a cualquier deber en general (A 14 nota).