Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Cuando el objeto es asumido como fundamento para determinar nuestra capacidad desiderativa, su posibilidad física en virtud del libre uso de nuestra fuerza tiene que preceder al dictamen de si nos hallamos o no ante un objeto de la razón práctica. En cambio, si la ley a priori puede ser considerada como el fundamento determinante de la acción y, por lo tanto, cabe considerar dicha acción como determinada por la razón pura práctica, entonces el dictamen relativo a si algo supone o no un objeto de la razón pura práctica<Ak. V, 58> es totalmente independiente \ de la confrontación con nuestra capacidad física, y la cuestión se ciñe tan sólo a si nos permitimos querer una acción orientada a la existencia de un objeto cuando éste se halle bajo nuestro control. Por consiguiente, en este último caso tiene que ir por delante la posibilidad moral de la acción, dado que aquí no es el objeto quien constituye el fundamento para determinar la acción, sino la ley de la voluntad.
Los únicos objetos de una razón práctica son, por lo tanto, los relativos al bien y al mal. Pues por lo primero se comprende un objeto necesario de la facultad de desear, y por lo segundo un objeto necesario de la capacidad de aborrecer, pero ambos con arreglo a un principio de la razón.