CrÃtica de la Razón Práctica
CrÃtica de la Razón Práctica Esta consideración no pone aquà tanto sus miras en traducir a conceptos más claros aquel precepto evangélico, para prevenir o conjurar cuanto sea posible el fanatismo religioso con respecto al amor de Dios, sino en determinar tan exacta como inmediatamente la intención moral atendiendo a los deberes frente a seres humanos, para prevenir o conjurar cuanto sea posible ese fanatismo meramente moral que prende en tantas cabezas. El escalón moral en que se halla el ser humano (y a lo que sabemos también cualquier criatura racional) supone respeto hacia la ley moral. La intención que le obliga a seguir dicha ley es cumplirla[A 151] por mor del deber, I no en base a una espontánea simpatÃa, ni tampoco por un afán autoasumido con gusto al margen de cualquier mandato, y el estado moral en que le cabe hallarse siempre es la virtud, o sea, la intención moral en combate, no la santidad basada en la presunta posesión de una completa pureza concerniente a las intenciones de la voluntad. Fanatismo moral e incremento de la vanidad es aquello para lo cual se templan los ánimos al alentar ciertas acciones<Ak. V, 85> como nobles, sublimes \ o magnánimas, sumiéndole a uno en la ilusión de que el fundamento para determinar sus acciones no estarÃa constituido por el deber, es decir, por ese respeto hacia la ley cuyo yugo (el cual resulta sin embargo suave porque nos lo impone la propia razón) tendrÃan que sobrellevar, si bien a regañadientes, y que siempre les humilla mientras lo siguen (obedecen); como si aquellas acciones fueran esperadas de su parte a cuenta del mérito y no por el deber. Pues mediante la emulación de tales hechos en base a semejante principio, además de no satisfacer lo más mÃnimo ese espÃritu de la ley que consiste en someter a ésta la intención y no en que la acción sea conforme a ella (sea el principio cual fuere), se asienta el móvil patológicamente (en la simpatÃa o en la filautia) y no moralmente (en la ley), originándose asà un modo de pensar tan fútil como volátil y I fantasio[A 152]so que se ufana de contar con un ánimo tan bueno por naturaleza como para no precisar ningún acicate o freno ni tampoco mandato alguno, relegando a un segundo plano aquella obligatoriedad que deberÃa ser pensada con anterioridad al mérito.