Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Esa raíz no puede ser sino aquello que yergue al ser humano por encima de sí mismo (como una parte del mundo sensible) y le vincula con un orden de cosas que sólo el entendimiento puede pensar, teniendo al mismo I tiempo bajo sí a todo el mundo sensible y[A 155] con él a la existencia empíricamente determinable del ser humano \ en el tiempo, así como al conjunto de<Ak. V, 87> todos los fines (que únicamente se compadece con semejantes leyes prácticas incondicionadas como la ley moral). No se trata de ninguna otra cosa que no sea la personalidad (esto es, la libertad e independencia respecto del mecanismo de toda la naturaleza), considerada ciertamente como una capacidad característica de un ser que se halla sometido a leyes prácticas puras proporcionadas por su propia razón, quedando la persona, en cuanto perteneciente al mundo sensible, sometida a su propia personalidad en tanto que, simultáneamente, forma parte del mundo inteligible. Luego no resulta sorprendente que, al pertenecer a sendos mundos, el ser humano no haya de considerar su propia esencia con respecto a su segunda y suprema determinación sino como algo venerable, profesando un máximo respeto hacia sus leyes.