Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica En este origen se basan varias expresiones que designan el valor de los objetos con arreglo a ideas morales. La ley moral es sacrosanta (inviolable). El ser humano es bastante sacrílego, pero la humanidad en su persona ha de serle sacrosanta. Todo cuanto hay en la creación puede ser utilizado simplemente como medio con tal de que quien así lo quiera tenga cierta capacidad para ello; sólo el ser humano, y con él cual[A 156]quier criatura racional, supone I un fin en sí mismo. Él es el sujeto de la ley moral, que es sacrosanta, gracias a la autonomía de su libertad. A ello se debe que cada voluntad, incluso la propia de cualquier persona dirigida sobre sí misma, se quede limitada por la condición de coincidir con la autonomía del ente racional, a saber, no someterlo a ningún propósito que sea imposible según una ley emanada de la voluntad del sujeto paciente y, por lo tanto, no utilizarlo nunca simplemente como medio sin considerarlo al mismo tiempo cual si fuera un fin en sí mismo. Atinadamente atribuimos esta condición incluso a la voluntad divina en relación con los entes racionales del mundo como criaturas suyas, al descansar dicha condición sobre su personalidad, única cosa merced a la cual constituyen fines en sí mismos.