CrÃtica de la Razón Práctica
CrÃtica de la Razón Práctica Esta justificación de los principios morales como principios de una razón pura también podÃa verse muy bien llevada, y con una certeza satisfactoria, invocando simplemente el juicio del entendimiento humano común, porque cualquier elemento empÃrico que pudiera colarse de rondón en nuestras \ máxi<Ak. V, 92>mas, como fundamento para determinar la voluntad, se da a conocer al instante mediante el sentimiento de deleite o dolor necesariamente anejo, por cuanto suscita un deseo y la razón pura práctica se resiste a incorporarlo como condición en su principio. La heterogeneidad de los fundamentos determinantes (empÃricos y racionales) se hace reconocible mediante esta resistencia, ofrecida por una razón práctica legisladora contra toda inclinación entremezclada, gracias a un peculiar modo de sensación que, lejos de preceder a la legislación dictada por una razón práctica, resulta bien al contrario producida únicamente por la misma y ciertamente como una coerción, a través del sentimiento de un respeto que ningún ser humano profesa hacia las inclinaciones, sean éstas del tipo que fueren, pero sà hacia la ley, dándose a conocer de un modo tan llamativo y eminente que cualquier entendimiento humano, incluso el más ordinario, deberá percatarse al momento merced a un ejemplo dado de que,[A 165] mediante fundamentos I empÃricos del querer, cabe aconsejársele seguir sus incitaciones, mas nunca se le puede exigir obedecer a otra cosa que no sea la ley de la razón pura práctica.