CrÃtica de la Razón Práctica
CrÃtica de la Razón Práctica Al encarar este problema, la pluma de Kant se afila y escribe sus mejores páginas[32]. Es evidente que se trata de algo sobre lo cual ha meditado durante mucho tiempo.
Cabe conceder —nos dice— que si nos fuera posible poseer tan honda penetración en un ser humano, tal como su modo de pensar se deja ver mediante acciones externas e internas, de suerte que hasta el móvil más insignificante nos fuera confesado, y conociéramos también todas esas ocasiones exteriores que inciden sobre dichos móviles, podrÃa calcularse la conducta de un ser humano en el futuro con esa misma certeza que permite pronosticar los eclipses del sol o de la luna y, pese a todo, podrÃa mantenerse junto a ello que tal ser humano es libre (A 177-178).
¿Cómo es ello posible? Porque, a su juicio, cuando se trata de la ley moral, «la razón no reconoce ninguna diferencia temporal y se limita a preguntar si el acontecimiento me pertenece como acto» (A 177). No ve otra forma de preservar la imputación, auténtica conditio sine qua non de cualquier teorÃa ética. Para ello Kant acuñará su metáfora del tribunal de la conciencia. Uno puede intentar explicar sus actos mediante las alegaciones de un abogado defensor, apelando a las circunstancias y a cuanto pueda ocurrÃrsele a tal efecto, mas eso no le servirá para justificarse ni exonerar su responsabilidad.