Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Kant es muy consciente de que, a primera vista, «parece absurdo pretender encontrar en el mundo sensible un caso que, al hallarse siempre bajo la ley natural, se preste a que le sea aplicada una ley de la libertad y con ello quede concretada en él la idea suprasensible del bien moral» (A 120). Ciertamente, su honestidad intelectual no esquiva el problema, sino que por el contrario lo plantea en toda su crudeza: «cómo pueda una ley constituir por sí misma e inmediatamente un fundamento para determinar la voluntad (lo cual resulta sustantivo para toda moralidad) supone un problema insoluble para la razón humana y equivale a plantearse cómo es posible una voluntad libre» (A 128). Por eso, más que proceder a demostrarla, se considerará muy afortunado «si podemos cerciorarnos satisfactoriamente de que no ha lugar para ninguna prueba sobre su imposibilidad y, gracias a esa ley moral que postula dicha libertad, nos vemos tan instados como autorizados para admitirla» (A 168). Tras definir la libertad como «independencia del mecanismo de toda naturaleza» (A 155) e «independencia de la voluntad respecto de cuanto sea ajeno a la ley moral» (A 167-168), nos recordará que todo cuanto se halla inmerso en el tiempo está determinado por condicionamientos anteriores cuyo efecto es inmodificable al escapar a nuestro control. Así las cosas, Kant se pregunta esto: «si ante quien ha cometido un robo, mantengo que tal acto es una consecuencia necesaria según la ley natural de la causalidad, en base a los fundamentos de determinación del tiempo precedente, y era imposible que no tuviera lugar, ¿cómo puede entonces el juicio conforme a la ley moral introducir aquí una enmienda y presuponer que sí hubiera podido dejar de hacerse, al decir la ley que hubiera debido dejar de hacerse? En otras palabras, ¿cómo puede calificarse de totalmente libre a quien, en el mismo punto del tiempo y a propósito de la misma acción, se halla sometido a una inexorable necesidad natural?» (A 171). Si se quiere salvaguardar la libertad —se responde a sí mismo—, «no queda otro camino que atribuir la existencia de una cosa en cuanto sea determinable en el tiempo, así como también la causalidad conforme a la ley de la necesidad natural, simplemente al fenómeno, atribuyendo sin embargo la libertad a ese mismo ser como cosa en sí misma» (A 170). Y añade: «se dirá que la solución aquí propuesta para esta dificultad es demasiado difícil a su vez y resulta poco susceptible de ser expuesta con claridad, mas ¿acaso cualquier otra de las que se han intentado o quepa intentar es más sencilla y comprensible?» (A 184).