Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica No quisiera desaprovechar esta oportunidad para llamar la atención sobre una última cosa. Cada paso que se da con la razón pura, incluso en ese campo práctico donde no se toma en cuenta ninguna especulación sutil, guarda de suyo tan cabal correspondencia con todos los hitos de la crítica de la razón teórica, como si cada uno de tales pasos se hubiera fraguado deliberadamente para procurar esta confirmación. Tal correspondencia entre los principales principios de la razón práctica y esas observaciones realizadas por la crítica de la especulativa que tan a menudo parecen sutiles e innecesarias, lejos de ser buscada en modo alguno (algo de lo que uno mismo puede convencerse si quiere proseguir las indagaciones morales hasta llegar a sus principios), viene a presentarse por su cuenta y causa con ello tanta sorpresa como admiración, fortaleciendo así esa máxima —ya conocida y alabada por otros— de que toda investigación científica debe mantener su tranquilo decurso con la mayor exactitud y[A 191] franqueza posibles, I sin hacer caso de aquello que pudiese atentar contra ella fuera de su campo, sino cumplimentándola verazmente tanto como se pueda por sí sola. Me he ido convenciendo de que, cuando este asunto se ha llevado a término, aquello que hacia la mitad del camino algunas veces me parecía harto dudoso atendiendo a otras doctrinas de afuera, cuando apartaba la vista de ese espinoso asunto y simplemente me concentraba en mi tarea hasta rematarla, al final concordaba perfecta e inesperadamente con aquello que se había encontrado de suyo sin prestar la menor atención, ni mostrar predilección o apego algunos por aquellas doctrinas. Los autores se ahorrarían muchos errores y esfuerzos perdidos (que fueron depositados en vanas ilusiones) si pudieran decidirse a emprender sus obras con una mayor franqueza. \ I