CrÃtica de la Razón Práctica
CrÃtica de la Razón Práctica Muy a menudo en estos juicios uno puede ver reflejarse el carácter de las propias personas que juzgan sobre otros y, mientras algunos parecen exquisitamente inclinados, al ejercer principalmente su judicatura sobre los difuntos, a defender lo bueno que I se[A 274] cuenta de este o aquel hecho contra cualquier ofensiva objeción de impureza y, en definitiva, a defender el pleno valor moral de la persona contra el reproche de hipocresÃa y secreta maldad, en cambio hay otros que meditan más sobre las acusaciones e inculpaciones, \<Ak. V, 154> a fin de impugnar este valor. Sin embargo, no siempre cabe atribuir a estos últimos el propósito de pretender eliminar la virtud en cualquier ejemplo aportado por los seres humanos, para convertirla merced a sus sutiles razonamientos en un nombre vacÃo, sino que con frecuencia sólo supone un rigor bienintencionado en la determinación del genuino contenido moral según una ley inflexible, comparada con la cual, en lugar de con los ejemplos, la vanidad moral se desmorona y no sólo se enseña modestia, sino que ésta es sentida por cada cual en esa severa introspección. No obstante, entre los defensores de la pureza del propósito en los ejemplos dados, puede advertirse con frecuencia que, allà donde la presunción de rectitud esté a su favor, quisieran borrar incluso la más pequeña mácula, motivados por el hecho de creer que, si fuera impugnada su veracidad en todos los ejemplos y quedase desmentida la pureza de toda virtud humana, ésta no serÃa tenida finalmente sino por una simple quimera, con lo cual todo afán por cultivarla serÃa considerado como un vanidoso amaneramiento y se verÃa desdeñado como una presunción engañosa. I