Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Al parecer, Ortega dice haber entendido la Crítica de la razón pura paseando a orillas del Lahn, siguiendo la estela de neokantianos tan sobresalientes como Hermann Cohen y Paul Natorp, quienes contaban entre sus discípulos a eminencias tales como Ernst Cassirer o Karl Vorländer, pero tampoco deja de alabar los fabulosos hayedos que circundan por doquier a Marburgo, cuyos bosques me tienen absolutamente fascinado y procuro hacer conocer a todo aquél al que aprecio, como bien saben buena parte de mis amigos. Antonio Pérez Quintana, mi otrora Doktorvater, compartió esta vez parte de mi estancia en Marburgo y quiso echar un vistazo a ciertos pasajes de mi traducción, que serán fáciles de reconocer, porque a buen seguro sólo allí brillarán por su ausencia los inevitables errores que siempre se deslizan pese a la más meticulosa de las correcciones. Es una pena que sólo pudiera revisar esos fragmentos, en lugar de todo el texto.
A Javier Muguerza le propuse prologar esta edición en su momento por su buen conocimiento de Kant[90] y porque me hubiera hecho ilusión verme tan bien acompañado, pero quien le conoce sabe que sus tempos no se corresponden con los convencionales.