Crítica de la razón pura
Crítica de la razón pura Ahora bien, debería pensarse que el concepto de los fenómenos, limitado por la Estética transcendental, proporciona de suyo la realidad objetiva de los noumenos y justifica la división de los objetos en fenómenos y noumenos, por lo tanto también la del mundo en mundo de los sentidos y mundo del entendimiento (mundus sensibilis et intelligibilis), y ello de modo que la distinción aquí no se refiere sólo a la forma lógica del conocimiento confuso o claro de una y la misma cosa, sino a la diferencia de cómo esos mundos pueden ser dados originariamente a nuestro conocimiento, por lo cual son distintos en sí mismos, por su genero. Pues si los sentidos nos representan la cosa simplemente como aparece, esta cosa debe de ser también en sí misma una cosa y objeto de una intuición no sensible, esto es, del entendimiento; es decir, que tiene que ser posible un conocimiento en donde no haya sensibilidad alguna, un conocimiento que posea realidad objetiva absoluta, esto es, que nos represente los objetos tal como son; mientras que en el uso empírico de nuestro entendimiento, por el contrario, las cosas son conocidas sólo como aparecen. Así pues, además del uso empírico de las categorías (limitado a condiciones sensibles) habría otro puro y sin embargo objetivamente valedero, y no podríamos sostener lo que hasta aquí hemos afirmado, a saber: que nuestros conocimientos puros del entendimiento no eran nada más que principios de la exposición del fenómeno, que, a priori, no van más allá de la posibilidad formal de la experiencia. En efecto, aquí tendríamos abierto ante los ojos un campo completamente distinto, y, por decirlo así un mundo pensado en el espíritu (acaso hasta intuido), que podría ocupar también nuestro entendimiento puro y aun con mucha mayor nobleza.