Critica del juicio
Critica del juicio El apreciar las obras de los antiguos, con razón, como modelos y llamar clásicos a los autores de las mismas, como si entre los escritores constituyeran una cierta aristocracia que dieran, con su ejemplo, leyes al pueblo, parece mostrar fuentes a posteriori del gusto y contradecir a la autonomía del mismo en cada sujeto. Pero podría decirse también que los antiguos matemáticos, que han sido tenidos hasta hoy por modelos indispensables de la mayor solidez y elegancia en el método sintético, demuestran una razón imitativa en nosotros y una incapacidad de la misma para sacar de sí, con la mayor intuición, demostraciones severas por medio de la construcción de los conceptos. No hay uso alguno de nuestras facultades, por muy libre que sea, incluso el de la razón (que tiene que sacar todos sus juicios de la fuente común a priori), que, si cada sujeto debiera empezar siempre, del todo, por las disposiciones brutas de su naturaleza, no cayera en ensayos llenos de faltas, de no haberle precedido otros con la suya, no para convertir los sucesores en nuevos imitadores, sino para ponerlos, mediante su proceder, en la pista de buscar en sí mismo los principios, y asi, de tomar a veces mejor su propio camino. En la religión misma, en donde, desde luego, cada cual debe tomar de sí mismo la regla de su conducta, porque él mismo permanece responsable de ella y no puede atribuir la culpa de sus faltas a otros, maestros o predecesores, no se consigue, sin embargo, nunca tanto por medio de prescripciones generales, recibidas de sacerdotes o de filósofos, o también sacadas de sí mismo, como por medio de un ejemplo de virtud o de santidad que, puesto en la historia, no por eso hace superflua la autonomía de la virtud, nacida de la idea propia y originaria de la moralidad, ni la muda en un mecanismo de la imitación. Sucesión, referida a un precedente, que no imitación, es la expresión exacta para todo influjo que los productos de un creador ejemplar pueden tener sobre otros, lo cual vale tanto como decir: beber en la misma fuente en que aquel mismo bebió y aprender de su predecesor sólo el modo de comportarse en ello. Pero, entre todas las facultades y talento, es precisamente el gusto el que, como su juicio no es determinable por conceptos y preceptos, está más necesitado de los ejemplos de lo que en la marcha de la cultura ha conservado más tiempo la aprobación, para no volver de nuevo a la grosería y caer otra vez en la rudeza de los primeros ensayos.