Critica del juicio

Critica del juicio

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Es de notar que, de un modo inconcebible para nosotros, sabe la imaginación, no sólo volver a llamar a sí los signos de conceptos, incluso de mucho tiempo acá, sino también reproducir la imagen y la figura del objeto, sacada de inexpresable número de objetos de diferentes clases o de una y la misma clase; y más aún, cuando el espíritu establece comparaciones, dejar caer, por decirlo así, una imagen encima de otra, realmente, según toda presunción, aunque no con suficiente consciencia, y de la congruencia de muchas de la misma clase sacar un término medio que sirva a todas de común medida. Cada cual ha visto miles de hombres adultos. Ahora bien: si quiere juzgar el tamaño normal por apreciación comparativa, entonces la imaginación (según mi opinión) deja caer, una encima de otra, un gran número de imágenes (quizá todos aquellos miles); y, si se me permite aquí emplear la analogía de la presentación óptica, en aquel espacio, en donde se unen en gran número, y en el interior del contorno, donde el espacio se ilumina con el color más recargado, allí se deja conocer el tamaño medio, que se aleja igualmente en altura y anchura, de los límites extremos de las más pequeñas y de las mayores estaturas. Y ésta es la estatura para un hombre bello. (Podría obtenerse el mismo resultado mecánicamente, midiendo miles de ellos, adicionando la altura, asi como la anchura —y gordura—, entre sí, y dividiendo la suma por mil. Pero la imaginación hace eso mismo mediante un efecto dinámico que nace de la impresión de esas figuras en el órgano del sentido interior.) Pues cuando, de la misma manera, se ha buscado la cabeza media para ese hombre medio; para aquélla, la nariz media, y así sucesiva mente, la figura que sale está a la base de la idea normal del hombre bello en el país donde se ha establecido esa comparación; de aquí que un negro deba tener necesariamente, bajo esas condiciones empíricas[22], otra idea normal de la belleza de la figura que un blanco, y un chino otra que un europeo. Lo mismo ocurriría con el modelo de un caballo o de un perro bellos (de una cierta raza). Esa idea normal no es derivada de proporciones sacadas de la experiencia como reglas determinadas, sino que solamente, según esa idea, son posibles reglas del juicio. Ella es la imagen que se cierne por encima de todas las intuiciones particulares, en muchas maneras diferentes, de los individuos para la especie entera, imagen que la naturaleza ha tomado como prototipo de sus producciones en la misma especie, pero que parece no haber alcanzado totalmente en ningún individuo; ella no es, de ninguna manera, el prototipo total de la belleza en esa especie, sino solamente la forma que constituye la condición indispensable de toda belleza, y, por tanto, solamente la exactitud en la exposición de la especie; ella es, como del famoso Doryphoros de Polykletos se decía, la regla (igualmente podría servir para esto la vaca de Myron, en su especie). Por eso mismo no puede tampoco encerrar nada específico característico, pues de otro modo no sería idea normal para la especie. Su exposición no place por belleza, sino sólo porque no contradice ninguna de las condiciones bajo las cuales una cosa de esa especie puede ser bella. La exposición es meramente correcta[23].


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