Fundamentación de la metafÃsica de las costumbres
Fundamentación de la metafÃsica de las costumbres Al concebir asà al mundo sensible y al pensarse a sà misma en el mundo inteligible, la razón práctica no traspasa sus lÃmites: lo harÃa sólo si pretendiera conocer el mundo inteligible y asà intuirse ella misma en el mundo inteligible (puesto que todo conocimiento humano requiere intuición sensitiva al igual que conceptos). Nuestro pensamiento del mundo inteligible es negativo —es decir, es sólo el pensamiento de un mundo que no es conocido mediante los sentidos—. Sin embargo, este tipo de pensamiento nos permite no sólo concebir a la voluntad como negativamente libre (libre de determinaciones por causas sensuales), sino también concebirla como positivamente libre (libre para actuar por su propio principio de autonomÃa). Sin este concepto del mundo inteligible, tendrÃamos que considerar a nuestra voluntad como completamente determinada por causas sensuales, por lo cual este concepto (o punto de vista) es necesario si vamos a considerar a esa voluntad nuestra como racional y como libre. Es cierto que cuando nos pensamos a nosotros mismos en el mundo inteligible, nuestro pensamiento está dominado por la Idea de un orden y una ley diferentes de los existentes en el mundo del sentido: aquà nos resulta necesario concebir este mundo inteligible como la totalidad de seres racionales considerados en tanto que cosas en sÃ. Sin embargo, esto no es en absoluto una afirmación de conocimiento del mundo inteligible, sino sencillamente la pretensión de que es posible concebirlo como compatible con la condición formal de la moralidad: el principio de autonomÃa.