Fundamentación de la metafÃsica de las costumbres
Fundamentación de la metafÃsica de las costumbres No serÃa ciertamente un objeto indigno de consideración el preguntarse si la filosofÃa pura, en todas sus partes, no exige para cada una un investigador especial, y si no serÃa mejor, para el conjunto del oficio cientÃfico, el dirigirse a todos esos que, de conformidad con el gusto del público, se han ido acostumbrando a venderle una mezcla de lo empÃrico con lo racional, en proporciones de toda laya, desconocidas aún para ellos mismos; a esos que se llaman pensadores independientes, como asimismo a esos otros que se limitan a aderezar simplemente la parte racional y se llaman soñadores; dirigirse a ellos, digo, y advertirles que no deben despachar a la vez dos asuntos harto diferentes en la manera de ser tratados, cada uno de los cuales exige quizá un talento peculiar y cuya reunión en una misma persona sólo puede producir obras mediocres y sin valor. Pero he de limitarme a preguntar aquà si la naturaleza misma de la 389ciencia no requiere que se separe siempre cuidadosamente la parte empÃrica de la parte racional y, antes de la fÃsica propiamente dicha (la empÃrica), se exponga una metafÃsica de la naturaleza, como asimismo antes de la antropologÃa práctica se exponga una metafÃsica de las costumbres; ambas metafÃsicas deberÃan estar cuidadosamente purificadas de todo lo empÃrico, y esa previa investigación nos darÃa a conocer lo que la razón pura en ambos casos puede por sà sola construir y de qué fuentes toma esa enseñanza a priori. Este asunto,[2] por lo demás, puede ser tratado por todos los moralistas —cuyo nombre es legión— o sólo por algunos que sientan vocación para ello.