Historia natural y teoria general del cielo
Historia natural y teoria general del cielo Pese a estos argumentos, presento esta explicación sólo como una suposición que no me atrevo a afirmar. Mi verdadera opinión es que la rotación de los planetas alrededor de su eje en el estado original de su primera formación haya coincidido bastante exactamente con el plano de su órbita anual, y que hayan existido causas que han desviado este eje de su primera posición. Al pasar de su estado fluido primitivo al estado sólido, un cuerpo sideral sufre durante este proceso de formación definitiva, un gran cambio en la regularidad de su superficie. Ella se solidifica y endurece mientras las materias más profundas no se han hundido todavía suficientemente en la medida de su peso específico; las categorías más livianas que estaban entremezcladas en su conglomerado, se ubican, separándose de las primeras, bajo la superior corteza solidificada y producen las grandes cuevas de las cuales, por motivos cuya explicación nos llevaría demasiado lejos, las más grandes y extensas se hallan bajo o cerca del ecuador y en las que finalmente se hunde la mencionada corteza, produciendo diversas desigualdades, alturas y cuevas. Cuando de esta manera, como en la Tierra, la Luna y Venus ha ocurrido con toda evidencia, la superficie ha llegado a ser desigual, ya no pudo mantener el equilibrio del movimiento con respecto al eje de rotación. Algunas partes destacadas de considerable masa que en la parte contraria no hallaron otras que podían ofrecerles el equilibrio de impulso, debían desviar muy pronto el eje de la rotación, tratando de llevarla a una posición en que las materias quedaban equilibradas. La misma causa pues, que durante la formación definitiva de un cuerpo sideral ha transformado su superficie del estado horizontal en abruptas desigualdades, esta causa general que se comprueba en todos los cuerpos siderales que el telescopio puede observar con suficiente claridad, los ha obligado a cambiar un poco la posición original de sus ejes. Pero este cambio tiene sus límites que les impiden desviarse demasiado. Las desigualdades se muestran, como quedó dicho, en mayor cantidad cerca del ecuador de una esfera sideral en rotación que a distancia del mismo, perdiéndose casi por completo hacia los polos, lo que me reservo explicar en otra oportunidad. Por consiguiente, las masas que más se destaquen sobre la superficie, se hallarán cerca del círculo ecuatorial, y como por el privilegio del impulso tratarán de acercarse a éste, sólo podrán levantar en unos pocos grados el eje del cuerpo sideral de su rotación vertical con respecto al plano de su órbita. Por consiguiente, un cuerpo sideral todavía no definitivamente formado mantendrá esta posición vertical de su eje con respecto al plano de su órbita y la cambiará tal vez sólo en el curso de largos siglos. Júpiter parece encontrarse todavía en este estado. La preponderancia de su masa y magnitud y la liviandad de su materia lo han obligado a llegar al estado sólido de su materia algunos siglos más tarde que otros cuerpos siderales. Quizá el interior de su núcleo está todavía en movimiento para hacer caer las partes de su composición hacia el centro, de acuerdo a su peso, y para llegar al estado de solidez separando las especies más livianas de las pesadas. Siendo así, no puede haber todavía reposo en su superficie. Los derrumbamientos y las ruinas predominan en ella. El mismo telescopio nos lo ha mostrado. La forma de este planeta cambia continuamente, mientras la Luna, la Tierra y Venus la mantienen inalterable. No faltan, por otra parte, motivos para fijar en varios siglos más tarde el período de formación definitiva de un cuerpo sideral que supera nuestra Tierra en volumen más de veinte mil veces y es superado por ella cuatro veces en densidad. Cuando su superficie habrá alcanzado la tranquilidad, no hay duda de que desigualdades mucho más grandes que las que cubren la superficie terrestre, junto con la velocidad de su impulso darán a su rotación en un lapso no muy largo aquella posición fija que exigirá el equilibrio de las fuerzas en él reunidas.