Historia natural y teoria general del cielo
Historia natural y teoria general del cielo La teorÃa que debe explicar el origen de las rotaciones, debe poder deducir también de las mismas causas la dirección de sus ejes con relación al plano de sus órbitas. Hay motivo para extrañarse por qué el ecuador de la rotación diaria no se halla en un mismo plano con el de los cÃrculos lunares que corren alrededor del mismo planeta. Pues el mismo movimiento que ha ordenado la revolución de un satélite, se extiende hasta el cuerpo del planeta, produciendo su rotación y debiendo, por lo tanto, conferirle esta misma determinación en la dirección y posición. Aquellos cuerpos siderales que no poseen satélites, entraron sin embargo, debido al movimiento de las partÃculas que formaron su masa y a la misma ley que los limitaba al plano de su órbita periódica, en un movimiento de rotación que por las mismas causas debÃa coincidir en la dirección con su plano de rotación. Como consecuencia de estas causas, los ejes de todos los cuerpos siderales deberÃan estar en posición vertical con relación al plano general de relaciones del sistema planetario que no se desvÃa mucho de la eclÃptica. Mas la posición vertical existe sólo en las dos piezas más importantes de esta estructura mundial, en Júpiter y en el Sol; los otros planetas cuya rotación se conoce, inclinan sus ejes hacia el plano de sus órbitas, Saturno más que los otros, la Tierra más que Marte cuyo eje se halla también en posición casi vertical con relación a la eclÃptica. El ecuador de Saturno (si se lo puede considerar como indicado por la dirección de su anillo), se inclina en un ángulo de 31 grados hacia el plano de su órbita, mientras él de la Tierra es de sólo 23 grados y medio. Tal vez sea posible atribuir la causa de estas desviaciones a la desigualdad en los movimientos de la materia que han concurrido para formar el planeta. En la dirección del plano de su órbita se hallaba el principal movimiento de las partÃculas alrededor del centro, y allà mismo se hallaba el plano de relación alrededor del cual se acumulaban las partÃculas elementales, para hacer allà el movimiento lo más exactamente circular que era posible, y acumular materia para la formación de planetas satélites que por ello nunca se desvÃan mayormente de la órbita. Si el planeta se formara en su mayor parte sólo de estas partÃculas, su rotación igual que la de los satélites que giran alrededor de él, no se hubiera desviado de ella durante su primera formación. Pero como la teorÃa lo ha demostrado, el planeta se forma más bien de las partÃculas que han caÃdo desde ambos lados y cuya cantidad y velocidad parecen no haber sido tan perfectamente medidas como para que un hemisferio no hubiera podido alcanzar una ligera preponderancia sobre el otro y por consiguiente una cierta desviación del eje.