Historia natural y teoria general del cielo
Historia natural y teoria general del cielo Los vapores que se elevaron de Saturno, llevaron en sà el movimiento y lo continuaron libremente en la altura a que habÃan llegado, tal como lo habÃan tenido cuando eran parte de su rotación. Las partÃculas que se elevaron desde la vecindad del ecuador del planeta, debÃan haber tenido los movimientos más veloces, mientras las más alejadas hacia los polos han tenido movimientos tanto más débiles cuanto mayor era la latitud del lugar desde donde se elevaron. La relación del peso especÃfico determinaba a las partÃculas las distintas alturas a que se elevaron; pero sólo aquellas partÃculas podÃan conservar los lugares de su distancia en el continuo y libre movimiento circular, cuyas distancias exigÃan una fuerza central tal como ellas la podÃan prestar con la velocidad que llevaban impresas desde que participaron del movimiento de rotación; las restantes partÃculas, descontando las que las influencias mutuas de las otras hayan podido llevar a aquel equilibrio, o deben alejarse de la esfera del planeta con su exceso de velocidad, o por la falta de ella están obligadas a recaer sobre el planeta. Las partÃculas dispersas en toda la extensión de la esfera de vapores tratarán, debido a estas mismas leyes centrales, de cruzar en el movimiento de su impulso desde ambos lados el plano prolongado del ecuador del planeta, y como al encontrarse en este plano desde ambos hemisferios se detendrán mutuamente, tendrán que acumularse en el mismo; y como supongo que los mencionados vapores son aquellos que el planeta para su enfriamiento hace subir en último término, toda la materia vaporosa dispersa ha de acumularse cerca de este plano en un espacio no muy ancho, dejando vacÃos los espacios a ambos lados. Pero en esta nueva y cambiada dirección continuarán el mismo movimiento que los mantiene suspensos en libres movimientos circulares y concéntricos. De esta manera, la atmósfera vaporosa cambia de forma, abandonando la de una esfera llena y adoptando la de un disco plano que coincide exactamente con el ecuador de Saturno; pero también este disco ha de adoptar finalmente por las mismas causas mecánicas la forma de un anillo, cuyo borde exterior será determinado por el efecto de los rayos solares cuya fuerza dispersa y aleja aquellas partÃculas que se han apartado hasta una determinada distancia del centro del planeta, en la misma forma lo hace en los cometas, delimitando asà el lÃmite exterior de su atmósfera. El borde interior del anillo en formación es determinado por la relación de la velocidad ecuatorial del planeta. Pues en aquella distancia de su centro en que esta velocidad está en equilibrio con la atracción del lugar, se halla el punto más cercano en que las partÃculas que se han elevado desde su superficie, pueden describir cÃrculos, debido al movimiento propio de la rotación. Las partÃculas más cercanas que necesitan para esta revolución una velocidad mayor, pero que no pueden tenerla porque en el mismo ecuador la velocidad no es mayor, son llevadas asà a describir órbitas excéntricas que se cruzan mutuamente y debilitan sus respectivos movimientos, hasta que todos finalmente recaen sobre el planeta del que se habÃan separado. Asà vemos cómo el fenómeno tan maravilloso como extraño cuyo aspecto desde su descubrimiento siempre ha provocado la admiración de los astrónomos y cuya causa nunca se tuvo una esperanza siquiera probable de descubrir, ha nacido de una manera mecánica tan fácil como exenta de toda hipótesis. Lo que le sucedió a Saturno, le sucederÃa con la misma regularidad, según puede concluirse ahora fácilmente, a cualquier cometa que tuviera la suficiente rotación y estuviera ubicado en una altura permanente en que su cuerpo pudiera enfriarse paulatinamente. Abandonadas sus fuerzas a sà mismas, la naturaleza, hasta en el caos, es fértil en maravillosos desarrollos, y la posterior formación definitiva conduce a tan magnÃficas relaciones y coincidencias al común beneficio de la criatura que hasta en las leyes eternas e inmutables de sus calidades esenciales dan a conocer con unánime certeza aquel Ser grande en el cual por su común dependencia concuerdan en una armonÃa del Universo. Saturno tiene grandes ventajas de su anillo; aumenta su dÃa e ilumina su noche bajo tantas lunas de tal manera que es fácil olvidar la ausencia del sol. ¿Pero será esto motivo suficiente para negar que el desarrollo general de la materia por medio de las leyes de la mecánica sin otras que las necesarias para sus determinaciones generales, haya podido producir relaciones que son beneficiosas a la criatura razonable? Todos los seres están vinculados por una misma causa que es la sabidurÃa de Dios; por ello, no pueden traer consigo otras consecuencias que las que conducen a un concepto de la depuración en esta misma idea divina.