Historia natural y teoria general del cielo

Historia natural y teoria general del cielo

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Pero lo importante y lo que, si consigo el consentimiento, merece la máxima atención, es que de acuerdo al orden de la naturaleza en este nuestro sistema, la creación, o más bien la formación de la naturaleza se inicia primero en aquel centro y se extiende en continuo progreso paulatinamente hacia todas las lejanas distancias, para llenar el espacio infinito en el transcurso de la eternidad de mundos y sistemas. Abandonémonos por un momento con íntimo placer a esta visión. No hallo nada que pudiera levantar el espíritu del hombre a un asombro más noble, abriéndole una perspectiva hacia el campo ilimitado de la omnipotencia, que esta parte de la teoría que se refiere a la terminación sucesiva de la creación. Si se me admite que la materia que es el elemento para la formación de todos los mundos, no ha estado dispersa en todo el espacio infinito de la presencia divina en forma uniforme, sino de acuerdo a cierta ley que bien puede haberse referido a la densidad de las partículas y de acuerdo a la cual desde determinado punto como lugar de la más densa acumulación, la dispersión de la materia elemental aumentó en la medida de la distancia de este centro, entonces en el movimiento inicial de la naturaleza, la formación habrá comenzado primero en este centro, y al progresar el tiempo, el espacio más amplio habrá creado paulatinamente mundos y sistemas mundiales dotados de una constitución sistemática que se relacionaba a él. Cada período finito cuya extensión está relacionada a la magnitud de la obra a realizar, siempre llegará a formar sólo, empezando en este centro, una esfera limitada; mientras tanto, la parte infinita restante seguirá luchando con el desorden y el caos, quedando tanto más alejada del estado de la formación perfecta cuanto mayor sea su distancia de la esfera de la naturaleza ya formada. Por consiguiente, aun cuando desde el punto donde nos hallamos en el universo sólo vemos un mundo que parece perfectamente formado y, por decirlo así, un ejército infinito de órdenes mundiales sistemáticamente relacionados, en realidad nos hallamos sólo en una cercanía del centro de toda la naturaleza en la cual ésta ya se ha librado totalmente del caos y obtenida su correspondiente perfección. Si pudiéramos pasar más allá de cierta esfera, veríamos allí el caos y la dispersión de los elementos que en la medida en que están más cerca del centro, abandonan parcialmente el estado bruto y se acercan a la perfección de la formación, pero se pierden paulatinamente en la dispersión completa de acuerdo a los grados de alejamiento. Veríamos como el espacio infinito de la presencia divina en el cual se encuentra la reserva para todas las formaciones posibles de la naturaleza, se halla sumido en silenciosa noche, lleno de materia que puede servir de elemento para los mundos a formarse en el futuro, y de fuerzas motrices para ponerlos en movimiento que con un débil impulso inician aquellos movimientos por los cuales la infinidad de estos espacios desiertos será llenada alguna vez de vida. Puede ser que haya transcurrido una serie de millones de años y siglos antes de que la esfera de la naturaleza formada en que nos hallamos, haya llegado a la perfección que ahora le es propia, y puede ser que pasará otro período no menos largo hasta que la naturaleza dé en el caos otro paso de la misma extensión, pero la esfera de la naturaleza formada está ocupada incesantemente en extenderse. La creación no es la obra de un momento. Después de haberse iniciado con la producción de una infinidad de substancias y materias, continúa obrando con grados cada vez mayores de fertilidad durante todo el transcurso de la eternidad. Pasarán millones y verdaderas montañas de millones de siglos durante los cuales se formarán y llegarán a la perfección mundos y sistemas mundiales cada vez renovados sucesivamente desde el centro de la naturaleza en las lejanas distancias; no obstante la constitución sistemática que reina entre sus partes, conseguirán una relación general al centro que por la fuerza de atracción de su masa extraordinaria ha llegado a ser el primer punto de formación y el centro de la creación. La infinidad de las épocas futuras que la eternidad producirá inagotablemente, llenará de vida todos los espacios de la presencia divina y los elevará paulatinamente a la regularidad que corresponde a la perfección de su proyecto. Y si con atrevida concepción pudiéramos abarcar, para decirlo así, toda la eternidad con un solo golpe de vista, podríamos ver también todo el espacio infinito repleto de sistemas mundiales y acabada la creación. Pero como en realidad, de los sucesivos períodos de la eternidad la parte futura es siempre ilimitada y la parte pasada limitada, la esfera de la naturaleza formada es siempre sólo una parte infinitamente pequeña de aquella esencia que lleva en sí el germen de mundos futuros y trata de desarrollarse en períodos más o menos largos desde el estado bruto del caos. La creación no será nunca terminada. Ha empezado una vez, pero nunca terminará. Siempre está obrando para producir más escenas de la naturaleza, nuevas cosas y nuevos mundos. La obra que realiza, está relacionada con el tiempo que gasta en ella. No necesita nada menos que una eternidad para animar de mundos sin número y sin término toda la ilimitada dimensión de los espacios infinitos. De la creación se puede decir lo que el más augusto de los poetas alemanes escribe de la eternidad:


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