Historia natural y teoria general del cielo
Historia natural y teoria general del cielo Juzguemos sin prejuicio. Este insecto que tanto por su manera de vivir como por su insignificancia traduce muy bien el carácter de la mayorÃa de los hombres, puede ser utilizado con buenas razones para esta comparación. Porque de acuerdo a su imaginación, su existencia debe importar enormemente a la naturaleza, considera vana toda restante creación que no demuestra una exacta finalidad con respecto a su especie, centro de todas sus finalidades. El hombre, aunque dista infinitamente de la escala suprema de los seres, es lo suficientemente atrevido para halagarse con la misma fantasÃa con respecto a la necesidad de su existencia. La infinidad de la creación abarca con la misma necesidad todas las naturalezas que produce su exuberante riqueza. Desde la más sublime clase de los seres razonables hasta el más despreciado insecto, ningún eslabón le es indiferente; y ninguno puede faltar sin que por ello sea interrumpida la belleza del todo que consiste en la relación mutua. Sin embargo, todo es determinado por leyes generales que la naturaleza produce por la combinación de las fuerzas que originariamente le fueron implantadas. Como en su procedimiento sólo produce conveniencia y orden, ningún designio aislado debe perturbar e interrumpir su consecuencia. Durante su primera formación, la creación de un planeta no era más que una consecuencia infinitamente pequeña de su fecundidad, y ahora serÃa una incongruencia que sus leyes tan bien fundadas debieran ceder a las finalidades especiales de este átomo. Si las condiciones de un cuerpo sideral oponen obstáculos naturales a la población, será inhabitado, aun cuando fuera más hermoso que tuviera habitantes. La perfección de la creación no pierde nada con ello, porque lo infinito es entre todas las magnitudes la única que no disminuye por la substracción de una parte finita. SerÃa como si quisiéramos lamentarnos de que el espacio entre Júpiter y Marte se halla tan inútilmente vacÃo o que hay cometas que no son poblados. En efecto, por más insignificante que quiera aparecemos aquel insecto, a la naturaleza le importa seguramente más la conservación de toda su especie que el pequeño número de seres más perfectos de los que hay siempre una cantidad infinita aun cuando una región o un lugar les están vedados. Como la naturaleza es inagotable en la producción de ambas especies, las abandona ambas con la misma despreocupación a las leyes generales para su conservación y destrucción. El dueño de aquellas selvas habitadas sobre la cabeza del mendigo, ¿habrá producido alguna vez mayores desvastaciones entre la especie de aquella colonia que las que hizo el hijo de Felipe en la especie de sus conciudadanos cuando su genio malo le metió en la cabeza que el mundo habÃa sido creado exclusivamente para él?