Historia natural y teoria general del cielo

Historia natural y teoria general del cielo

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El abogado de la religión se muestra preocupado de que aquellas armonías explicables por una tendencia natural de la materia demostrarían la independencia de la naturaleza de la previsión divina. Confiesa con no poca claridad que descubriéndose causas naturales de todo el orden de la estructura universal, capaces de lograrlo por medio de las propiedades más generales y esenciales de la materia, resultaría innecesario invocar un gobierno supremo. El naturalista, halla su cuenta en no discutir esta premisa. Pero descubre ejemplos que demuestran en resultados perfectos la fecundidad de las leyes generales de la naturaleza, y consigue así poner en peligro al ortodoxo por las mismas pruebas que en las manos de éste podrían transformarse en armas invencibles. Daré ejemplos: numerosas veces se ha aducido ya como una de las pruebas más evidentes de una benévola previsión en bien del hombre, que en la zona más tórrida de la tierra los vientos marinos soplan sobre la tierra y la deleitan precisamente en los momentos en que el calor hace más necesaria su influencia refrescante. Por ejemplo, en la isla de Jamaica, apenas el sol ha subido tan alto que proyecta el calor más agudo sobre la tierra, poco después de las nueve de la mañana, empieza a levantarse desde el mar un viento que sopla desde todos lados sobre la tierra; su fuerza aumenta a medida que aumenta la altura del sol. A la una de la tarde, cuando naturalmente el calor es más fuerte, el viento es más violento y decrece con la declinación del sol paulatinamente de tal manera que hacia la noche reina la misma calma que al amanecer. Sin esta feliz institución, la isla sería inhabitable. El mismo beneficio lo gozan todas las costas de los países situados en la zona tórrida. A ellas también les hace mayor falta, puesto que siendo las zonas más bajas de la tierra árida, sufren el mayor calor, pues los sitios más elevados de tierra adentro que no alcanza aquel viento marino, tampoco lo necesitan tanto, puesto que su mayor elevación los ubica en una zona de aire más fresco. ¿No es todo ello hermoso, no son fines aparentes que han sido obtenidos por medios sabiamente aplicados? Mas para fundamentar su contraposición, el naturalista debe encontrar las causas naturales de ello en las condiciones del aire sin que le sea permitido suponer en ello intervenciones especiales. Con razón observa que estos aires marinos deben moverse en esta forma periódica, aun cuando ningún ser humano viviese en esta isla, por su sola calidad de elasticidad y peso que los hacen imprescindibles para el crecimiento de las plantas. El calor del sol rompe el equilibrio del aire al enrarecer el que está encima de la tierra, y al obligar al aire más fresco del mar a desplazarlo y ocupar su lugar.


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