Deseo bajo el Sol
Deseo bajo el Sol Algo en su tono no admitía discusión. Lilah, a regañadientes, obedeció, pero no sin antes mirar por encima del hombro. Algo se movía entre los arbustos, algo que no parecía pertenecer a los jardines cuidadosamente cultivados de Boxhill.
La noche trajo consigo más preguntas que respuestas. Lilah, incapaz de dormir, se sentó junto a la ventana de su habitación, observando cómo la luna arrojaba sombras alargadas sobre los jardines de Boxhill. Afuera, todo estaba en silencio, pero su mente estaba lejos de estar tranquila. Había algo en Joss San Pietro, algo que la inquietaba y la fascinaba en igual medida.
Un golpe suave en la puerta rompió el silencio. —¿Sí? —preguntó, su voz apenas un susurro.
La puerta se abrió ligeramente, lo suficiente para dejar pasar el rostro de su doncella, Alice, quien parecía nerviosa. —Señorita, el caballero extranjero... está en la biblioteca. Dice que necesita hablar con usted.
Lilah frunció el ceño, pero la curiosidad fue más fuerte que el decoro. Se puso un chal sobre los hombros y descendió con pasos cuidadosos por la escalera. La biblioteca, iluminada solo por una lámpara de aceite, tenía un aire conspirativo. Joss estaba allí, de pie junto a una estantería, hojeando un libro con una calma que parecía impropia de la hora.
