Deseo bajo el Sol
Deseo bajo el Sol Joss levantó una ceja, como si la estuviera midiendo. —Me refiero a que algunas almas están hechas para volar, no para seguir caminos trazados.
La tensión que siguió fue palpable, rota solo por la voz estridente de Michael. —¡Las reglas existen por una razón, señor! Las personas decentes las respetan.
—¿Y qué hay de las indecentes? —replicó Joss, sus palabras cargadas con una chispa de burla.
Lilah interrumpió antes de que la situación escalara. —Estoy segura de que mi tía Amanda no apreciaría una disputa en su salón, caballeros. Quizás podamos disfrutar del baile.
Pero no hubo baile. Justo cuando la música comenzaba a envolverlos nuevamente, un sirviente irrumpió en la sala con un rostro que parecía esculpido en mármol por la preocupación. Susurró algo al oído de Amanda Barton, y la mujer palideció visiblemente.
—¿Qué sucede, tía? —preguntó Lilah, acercándose.
Amanda, temblorosa, giró hacia el salón. —Es mejor que todos regresen a sus hogares. Parece que... hubo un incidente en las cercanías.
Lilah no tuvo tiempo de preguntar más. Joss ya estaba a su lado, susurrando con una voz apenas audible. —¿Un incidente? Parece que el caos sigue tus pasos, Miss Remy.
