Nunca
Nunca El vicepresidente Cheng Jin recibió la llamada en la madrugada. Su rostro, normalmente impenetrable, mostró una leve sombra de preocupación cuando escuchó la voz de la presidenta estadounidense.
—Sabemos lo que están haciendo —dijo Pauline sin rodeos—. Y si siguen adelante, esto no terminará bien para nadie.
Cheng guardó silencio por un momento. Luego respondió con la calma de quien ha pasado toda su vida en las arenas movedizas del poder.
—Nosotros también sabemos lo que ustedes están haciendo, presidenta Green. Y lo que encontramos no nos gusta.
Pauline sintió un escalofrÃo.
—No tiene que ser asÃ. Podemos negociar.
—No —respondió Cheng—. El tablero ya está en movimiento.
Pauline exhaló lentamente.
—Entonces dÃgame, vicepresidente… ¿quién va a hacer la primera jugada?
En el otro lado del mundo, en una base militar china, un grupo de oficiales observaba la orden en la pantalla.
Código rojo.
Sus barcos ya estaban en marcha. Sus aviones ya estaban en el aire.
Solo faltaba una señal.