Nunca
Nunca —Y si seguimos adelante, ¿qué nos garantiza la victoria?
Liu no respondió. No podía.
El tiempo se agotaba.
En el mar, un caza estadounidense voló demasiado cerca de un destructor chino. Los radares pitaron. Dedos temblaron sobre los gatillos.
El piloto recibió una advertencia en su radio:
—Aléjese de inmediato.
Pero el mensaje llegó un segundo tarde.
Un misil salió disparado desde un buque chino.
Impacto.
El caza explotó en el aire.
En la Casa Blanca, una alarma se activó en la pantalla principal.
Pauline Green sintió que su sangre se helaba.
Gus Blake habló con voz tensa.
—Señora presidenta… ya empezó.
El reloj marcaba las 23:59.
En la Casa Blanca, la sala de crisis estaba en absoluto silencio. En la pantalla, imágenes satelitales mostraban el mar incendiado. El caza estadounidense había sido derribado. La respuesta debía llegar en minutos.
Pauline Green sintió la mirada de todos sobre ella. Los generales, los asesores, su consejero de Seguridad Nacional. Todos esperando su orden.