Nunca
Nunca —China ya lo sabe. Si no lo sacamos de ahí en las próximas 24 horas, lo perderemos.
Pauline cerró la carpeta.
—Entonces no hay opción.
Se giró hacia su secretaria.
—Preparen a los equipos. Lo quiero fuera de África antes del amanecer.
Blake la observó un momento antes de hablar.
—¿Está segura? Si esto sale mal…
Pauline sostuvo su mirada.
—Si esto sale mal, el mundo entero estará en juego.
Fuera, la lluvia empezó a caer sobre Washington. Y con cada gota, la frontera entre la paz y la guerra se hacía más delgada.
El avión militar estadounidense volaba bajo sobre la sabana de Níger, deslizándose como una sombra sobre un mundo sin caminos. Dentro, el equipo de extracción revisaba sus armas en silencio. Tamara Levit estaba con ellos, el rostro endurecido, la mirada clavada en la puerta de carga. No había dormido en 48 horas. Desde la emboscada en Chad, había estado operando con la adrenalina como único combustible.
El piloto habló por el intercomunicador:
—Contacto visual con el objetivo.