La Selección
La Selección America sabÃa que no habÃa lugar para sus sueños en ese mundo. Su corazón ya estaba comprometido. Aspen, su amor secreto, era todo lo que necesitaba, aunque fuera un Seis, una casta inferior. Su amor era prohibido, pero genuino, y eso bastaba para que su pecho ardiera cada vez que estaban juntos.
Más tarde, esa misma noche, en el refugio de su escondite favorito, Aspen la esperaba bajo el cielo estrellado. Su voz, siempre serena, ahora sonaba como una súplica.
—America, no puedes quedarte atrapada aquà por mÃ. Tienes que intentarlo. La Selección podrÃa salvarte, podrÃa salvar a tu familia.
—¿Salvarme? —respondió con una risa amarga—. ¿Sabes qué es lo que me salvarÃa? Un mundo donde no tuviéramos que vivir bajo estas malditas castas, donde tú y yo pudiéramos estar juntos sin importar nada.
Él no respondió. En cambio, sacó un trozo de pan duro que habÃa guardado, un recordatorio cruel de lo poco que tenÃan. La expresión de Aspen era la de alguien que cargaba con más peso del que podÃa soportar.
La vida en Illéa era asÃ: estratificada, cruel y llena de sacrificios. Los Cinco, como la familia de America, eran artistas. Trabajaban sin descanso para ganar lo justo y, aún asÃ, no alcanzaba. Los lujos estaban reservados para los Unos, la realeza, mientras las castas más bajas apenas sobrevivÃan.
