Diario de un seductor
Diario de un seductor Durante toda la velada no se oye más que un ruido semejante al que produce quien va dando vueltas con un aplastamoscas… ¡Son los besos de los enamorados! Y como en casa de mi tÃo reina una libertad demasiado tolerante, ni siquiera hay necesidad de buscar un rinconcito apartado: todos se sientan alrededor de una gran mesa redonda. Yo simulo conducirme con Cordelia igual que los otros, pero en eso debo dominarme. ¡Iba a ser verdaderamente desagradable si yo ofendiese de este modo su virginidad! En tal caso, iba a considerarme digno de más reproches que si la engañase. Cualquier muchacha que se me confÃe, puede estar segura de que será tratada de forma perfectamente ética. Claro que al final de la historia resultará engañada, pero eso no contrasta con mis principios estéticos, sino que más bien se adapta a ellos y les corresponde. Además, en cualquier caso, uno de los dos debe ser fatalmente engañado, o el hombre por la mujer o la mujer por el hombre. ResultarÃa interesante ver por medio de una estadÃstica histórica, aunque sea extraÃda de las fábulas, de las leyendas, las mitologÃas o las canciones populares, quien es infiel más a menudo, si el hombre o la mujer.