Diario de un seductor
Diario de un seductor Me siento feliz al disponer de la casa de mi tío. Para que en un muchacho nazca el horror al tabaco, nada mejor que llevarle a un salón de fumar. Del mismo modo, para quitar a una muchacha el deseo de noviazgo, nada hay mejor que llevarla a la casa de mi tío. Allí está el lugar de cita de todos los prometidos: es una sociedad insoportable y desde luego no voy a poder ofenderme si Cordelia se muestra impaciente. Estamos allí unas diez parejas, sin contar las tropas auxiliares que vienen a la capital los días de fiesta. Los novios podemos beber en copas muy llenas el gozo del compromiso.